Me dirijo a ustedes en calidad de jubilado para expresar mi profunda preocupación y malestar por la situación económica en la que me encuentro. Después de tantos años de trabajo, de contribuir durante décadas al sistema, hoy me encuentro con una pensión que apenas me permite cubrir lo más básico.
La jubilación, que en algún momento de mi vida pensé que sería un merecido descanso después de tantos años de esfuerzo y sacrificio, se ha convertido en una miseria. La cantidad que recibo al mes no alcanza ni para cubrir los gastos esenciales, como la alimentación, las medicinas, el alquiler y los servicios básicos. No tengo ahorros, porque viví de acuerdo con lo que me ofrecía mi sueldo durante toda mi vida laboral, y no imaginé que el sistema de pensiones fuera tan injusto y tan insuficiente para quienes, como yo, hemos dado todo por este país.
Todos los meses tengo que hacer malabares para decidir qué es lo que puedo pagar y qué es lo que debo dejar de lado, a veces recurriendo a préstamos o a la ayuda de familiares que tampoco tienen mucho. En el fondo, me siento impotente, como si mi vida de esfuerzo y trabajo no hubiera sido suficiente para asegurarme una vejez digna.
Lo que recibo no es una jubilación, es una limosna. Y es indignante que, después de haber contribuido con tanto esfuerzo durante años, ahora me encuentre luchando por sobrevivir, sin poder acceder a lo más básico. Esta situación no solo afecta mi calidad de vida, sino que también pone en riesgo mi salud y bienestar.
Solicito, con todo el respeto que corresponde, una revisión urgente de los montos de las pensiones para que se asegure una jubilación justa y suficiente para quienes, como yo, hemos dedicado nuestra vida al trabajo y al progreso de este país. No pido un lujo, sino lo mínimo para poder vivir con dignidad.
JOSEFA 87 AÑOS.

